Preparación: apertura y cierre. El primer gran momento y el remate

CASTELLANO | EUSKARA


Presentación personal y profesional: el público observa.

A quién habla se le ve antes de que se le escuche. La simple presencia causa una impresión en la audiencia. Sobretodo cuándo la audiencia no nos conoce, conviene causar una buena impresión. Y no hay una segunda oportunidad para crear una primera buena impresión. Te ayudará a que te escuchen con más interés y mejor disposición.

“Tenemos una sola oportunidad de crear una primera buena impresión.”

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Elementos a tener en cuenta si tienes que presentarte:

  • Datos personales. Los necesarios según público, circunstancias,….
  • Datos profesionales. Haced una poda. Prudencia y humildad.
  • Hacer ver que sabemos del tema. Nos hemos ganado el respeto y el derecho a hablar.
  • Acercarse al público. Conseguir una primera sonrisa, una reacción positiva, etc., nos está abriendo las puertas.

“La presentación personal no es cuestión de elegancia, sino de sentido de la oportunidad, de imagen y de armonía.”

Capta la atención, despierta el interés, adelanta la esencia

Los objetivos de un buen inicio son

  • Captar la atención, de manera breve y atractiva. Sorprende.
  • Despertar el interés ¿Por qué es de interés para el público?
  • Adelantar los contenidos. Decir lo que voy a decir. Estimula la imaginación.
  • Ganarte la benevolencia. Que el público esté contigo desde el comienzo. Busca lugares comunes y puntos de encuentro

Ganamos el respeto del público hacia nosotros y hacia los contenidos de la presentación. Prepara al auditorio a escuchar la parte central del discurso. Un inicio bien preparado te ayuda a superar mejor los nervios del inicio. Por ello es también útil tener claro y estar muy identificado con mis primeras palabras.

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“Abramos el apetito. Viene una comida suculenta. Bien condimentada y para satisfacer a gourmets exigentes.”

¿Cómo dar ese golpe de efecto al inicio?

Preparemos la apertura de manera específica, después de haber elaborado el cuerpo de la charla, es decir los contenidos y la formulación de la misma. Hay multitud de formas de hacerlo. Veamos algunos captadores de atención, pudiéndose combinar más de uno, relacionados eso sí con el tema a tratar:

  • El titular o el interés del enunciado. Una afirmación atrevida generará expectación.
  • Formular preguntas retóricas significativas, provocativas, …para involucrarles y hacerles reflexionar.
  • Empleo de una cita, de fuente autorizada y de prestigio. Te dará credibilidad.
  • Contar una anécdota o un incidente real. No tiene que ser divertida pero si entretenida y relevante con el tema a tratar a posteriori. Cuenta una breve historia de interés humano.
  • Un dato o hecho sorprendente, inesperado, desconocido,…Su efecto será inmediato.
  • Refranes populares, analogías o metáforas, etc., siempre vinculadas al tema.

Si además de usar estos recursos, personalizas la intervención en función de la audiencia, aún mejor. Un poco de música agradable en los prolegómenos ayudará a ir creando un buen ambiente. Y a continuación lo podemos complementar con “decir lo que voy a decir”, es decir adelantando la esencia de la intervención, las ideas principales. Incluso puedes explicar cómo se dividirá la sesión.

Ya hemos captado la atención. Ahora hay que ir directamente al grano garantizando que vamos a contar lo esencial. ¿Cómo lo haremos? Lo veremos en el apartado de la formulación del discurso.

Cierre-conclusión: El remate necesario

1. Nuestra firma dejando un buen sabor de boca

Al igual que la apertura, hay que preparar el cierre de manera específica, después de haber elaborado los contenidos, el cuerpo de la charla. Si vamos mal de tiempo es preferible reducir parte del cuerpo de la charla, pero no del cierre. Es decir tenemos que blindar el cierre y exponerlo como lo hemos preparado. Es el momento de la cosecha, podemos recoger los frutos que hemos sembrado y cultivado a lo largo del discurso. Lo último es seguro que queda en la mente del público.

“El cierre perfecto: aplomo en el ritmo y las pausas, emoción en la transmisión de sentimientos y convicción en la firmeza de las palabras.”

2. Positividad, esperanza, acción

Las palabras finales conviene pronunciarlas con algo más de lentitud, sin precipitación. Si podemos hacerlo sin mirar al guión, mejor. Al prepararlo, hemos de tratar que el cierre, además de ofrecer un resumen de lo esencial:

  • Cree estados de ánimo en el auditorio, reafirmando de forma positiva y ayudando a fijar la atención en el mensaje central
  • Busque la respuesta y reacción del público, incitando a la acción
  • Sea grato y halague a la audiencia, con una despedida cordial y positiva. Dejarle un buen sabor de boca como un buen postre.

Un mal cierre produce una sensación de vacío, de algo inacabado. Un buen cierre es como un buen postre. Mi firma. Nos deja una sensación final agradable.

3. ¿Cómo poner la guinda al pastel?

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Elemento decisivo en la presentación de las conclusiones es el empleo del lenguaje no verbal, con el que se trasmite la identificación del orador con las ideas defendidas, su honestidad y la credibilidad. Emocionalmente debe contagiar a la audiencia.

Resumir, sintetizar, recordar la idea principal, consolidar el mensaje, “decir lo que hemos dicho”, es decir, el resumen de las 3-4 ideas principales y además el golpe de efecto, el remate. Cuida especialmente la última transparencia para que resuma o refuerce el mensaje principal. Hay multitud de formas de rematar la faena de manera brillante. Veamos algunas posibles:

  • Reto o petición. Concreta con fuerza la acción que propones.
  • Una cita de fuente autorizada que inspire.
  • Indicar un último beneficio.
  • Volver al motivo de la apertura.
  • Impacto emocional.
  • Frase de persuasión adicional.
  • Intención personal de obrar según el discurso.

Tras el remate. Silencio. Da las gracias, mira a la audiencia y muestra una leve sonrisa.

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