El lenguaje corporal

CASTELLANO | EUSKARA


La declamación, digo yo, es la única y suprema fuerza de la oratoria. Cicerón.

El lenguaje corporal es clave para transmitir y relacionarse con el auditorio. El público lo percibe todo. Para hacer vivir al público hay que estar vivo. Según Albert Mehrabian, el investigador más reconocido en temas de comunicación:

  • El 7% del impacto que la persona que habla causa en la audiencia lo producen las palabras es decir lo que dice;
  • El 55% se deriva de aspectos visuales tales como el aspecto externo, lenguaje corporal: expresiones faciales, gestos, manos, mirada;
  • El 38% restante depende de la voz. Entonación, volumen, ritmo, énfasis.

Dicho así, suena a exagerado y requiere de una explicación. El elemento más importante es el contenido. Es su razón de ser. Porque sin contenidos no hay nada. Ahora bien si no acertamos en el “cómo” su eficacia caerá en picado. Estamos en la “actio”.

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La regla de Mehrabian sólo se aplica a la comunicación de emociones o sentimientos. En las presentaciones profesionales habituales, más centradas en el pensamiento lógico y racional, en las ideas, no solemos hablar de nuestros sentimientos o gustos, por lo que el mensaje verbal contribuye en un porcentaje mucho mayor a la transmisión del mensaje. En cualquier caso sí podemos extraer una importante conclusión para nuestras presentaciones: el contenido de una presentación es lo más importante, pero la manera como se exponga causará un profundo efecto sobre la forma como lo recibirá la audiencia. Por eso es tan importante cuidar también la puesta en escena.

Vamos por tanto a dejar a un lado el tono serio profesional frío y distante, la monotonía, la rigidez en la expresión, escondernos en la mesa o atril, la lectura, contenido magistral… y vamos a por la naturalidad y su expresividad, la variedad de tonos y ritmos de voz, el entusiasmo, el movimiento, la participación de la audiencia,…Vamos a darle vida al discurso. Las palabras, las ideas, cobran vida con el “sabor” que le damos al expresarlas.